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INFORMACIÓN PARA PADRES
 
ESTIMULACIÓN TEMPRANA
Un puente entre el bebé y su familia
Lic. Carmen Villanueva: psicopedagoga
Lic. Rosa Ocaña: psicóloga
 

El vertiginoso avance de la Ciencia en los últimos años, ha permitido la detección de trastornos aún antes del nacimiento, así como el diagnóstico precoz de diversas enfermedades.

Detectar el problema es un primer paso muy importante y saber qué hacer con él, un verdadero desafío. Los diagnósticos debieran servir para abrir caminos y no para cerrarlos, y así lo concebimos los profesionales que trabajamos en Estimulación Temprana.

¿Qué es la Estimulación temprana?

Es una disciplina terapéutica clínica, que trabaja con bebés que han sufrido factores de riesgo a nivel biológico-emocional-social, ya sea durante la vida intrauterina, en el momento del parto o después del nacimiento; siempre en momentos estructurales del sistema nervioso. Los riesgos pueden ser múltiples y su impacto en el desarrollo depende del momento evolutivo en que se producen.

Las enfermedades cromosómicas como el Síndrome de Down; las malformaciones cerebrales, la ingesta de medicamentos teratogénicos que afectan al feto durante el embarazo; la hipoxia o sea la falta de oxígeno durante el parto; las fallas congénitas del metabolismo; las infecciones como la meningitis; la desnutrición severa, son algunas de las que constituyen severos riesgos para el normal desarrollo del bebé.

Por eso decimos que un tratamiento de Estimulación Temprana no es para cualquier bebé, sino para aquellos que presentan problemas en su desarrollo. Por lo tanto sólo tiene sentido indicarla en los casos en los que hay un problema instalado en el cuerpo del bebé, un problema presente que compromete su futuro desarrollo. La causa podrá ser orgánica o psicológica pero necesariamente deberá expresarse en el cuerpo del bebé y/o en sus conductas.

Ahora bien, ¿se puede trabajar con un bebé sin sus padres? Definitivamente no. El bebé no es sin sus padres.

La Estimulación Temprana se introduce directamente en el núcleo de la relación madre-hijo. Por eso creemos que una disciplina de estas características debiera estar abierta, además, a bebés “sanos” cuyas mamás presentan dificultades para establecer el vínculo con ellos. Pensamos en mamás que atraviesan situaciones personales como puede ser el haber encarado la maternidad solas, o madres que sufren estados de depresión o aquellas que, por su propia historia, no pueden ejercer la función materna adecuadamente.

Los padres son los que posibilitan que vayan aconteciendo cada una de las múltiples experiencias por las que va transcurriendo la vida de su hijo. Experiencias que dejan huellas. No es lo mismo que el bebé se encuentre con esa agradable sensación que le provoca la ingestión de la leche, al mismo tiempo que recibe la mirada de unos ojos que lo acarician y unos brazos que lo sostienen cálidamente, a que si la leche le llega a través de una mamadera sostenida por un soporte mecánico a los fines de la ingesta y en función a un cálculo de las necesidades nutricionales.

En condiciones normales la mamá sabe que el bebé no forma parte de su cuerpo sino que es un ser independiente y es necesario preguntarse qué es lo que necesita para poder ofrecérselo. Esta pregunta se interrumpe cuando aparece una patología. Los padres se cuestionan acerca de qué necesitan “estos chicos” anulando así toda posible singularidad de experiencias y contacto espontáneo con su hijo porque suponen que son otros los que saben de “estas cosas”.

Independientemente de las historias y características personales de cada papá, hay un denominador común en todos: la conmoción al recibir la noticia de que su hijo presenta algún trastorno. El diagnóstico moviliza e impacta y deja por cierto tiempo un clima de desconcierto y angustia. Se abren interrogantes respecto al futuro que no tienen respuesta inmediata.

Un ejemplo que nos ofrece la clínica es el caso de los papás de Julieta, una beba de 8 meses que padece Síndrome de Down. Ellos conocieron el diagnóstico de su hija en el instante posterior a su nacimiento. “Sentí que el mundo se me venía encima”, relata la mamá cuando recuerda ese momento. “Yo no pude reaccionar hasta unos días después”, comenta el padre. Lo que ambos rescatan como paso primero y fundamental fue la inmediata orientación recibida por parte del Equipo de Neonatología, abriéndoles un panorama de acciones posibles de ahí en más. Una de las primeras medidas fue ponerlos en contacto con el equipo de Estimulación Temprana, de manera de empezar cuanto antes con la ardua tarea de convertirse en papás de esta hija “diferente”.

El terapeuta sabe que no existe una única respuesta; son los bebés y sus papás, junto a él, los que llevan adelante la sesión. Se acomodan en el piso; el bebé juega a lo que quiere jugar y los padres hablan de lo que quieren hablar. La tarea es acompañar, sostener, escuchar, esperar. Es brindar un espacio, un tiempo, una forma de mirar, un juguete, una palabra.

Lo importante es que los papás sepan que uno de los objetivos centrales del trabajo será propiciar el pasaje del bebé a niño. Y lo esperable como final del tratamiento que acaba de empezar, es que pueda surgir un hijo que desee hacer las cosas que hacen los nenes chiquitos, reavivando el deseo en los padres, que tal vez comenzaron la experiencia pensando que con este hijo ya nada iba a ser posible.

En el caso de Facundo, un bebé prematuro, nacido en la semana 29° de la gestación los papás tuvieron que enfrentarse a la interrupción abrupta del embarazo sin ninguna causa aparente. De ahí en más, se vieron inmersos en un ambiente de alta complejidad médica como es la Unidad de Terapia Intensiva Neonatal, sin saber cuál sería el futuro de su bebé y cómo podrían vincularse con él siendo tan frágil y estando conectado a todo tipo de aparatología. La intervención del Equipo de Estimulación les permitió a los padres expresar y elaborar sus temores con respecto a la sobrevida y la salud de su bebé. Además los ayudó a relacionarse con su hijo respetando sus modalidades personales. Se les mostró que acercarse a su bebé, además de no producirle ningún riesgo, generaba respuestas beneficiosas en él.

La Estimulación Temprana se plantea como objetivo central que el bebé pueda convertirse en “hijo” a pesar de sus dificultades. De ninguna manera un bebé “es” la patología que padece, sino que tiene un nombre que le es propio. Julieta no es Down, sino que es Julieta y padece Síndrome de Down.
La tarea que les proponemos a los padres no es sencilla. En principio implica ponerse de luto por el hijo que no es el que soñaron tener para luego descubrir las potencialidades latentes de su bebé, pese a los problemas con los que ha nacido.

Si creemos que estimular es nada más que medicar o hacer ejecutar una serie de ejercicios, previamente establecidos y acordes a la edad madurativa, nos quedamos a mitad camino.
Lo que está puesto en juego es el armado psíquico de “ese” niño a pesar de sus inhabilidades del orden de lo biológico. El bebé es alguien que se está estructurando como persona y nuestra tarea es oficiar de puente entre él y sus papás para que puedan amarlo y aceptarlo por lo que es.

Lo que esperamos después del largo y por momentos penoso recorrido es que ese bebé que llegó a nosotros como un “síndrome”: Down, Rett, Williams; pueda ser portador de un nombre y un lugar propios dentro de la familia; que logre desarrollarse como un ser autónomo a pesar de sus déficits y a partir de sus posibilidades individuales.

Lic. Rosa Ocaña
rosaocania@gmx.net

Lic. Carmen Villanueva
estivi@fibertel.com.ar

 

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Inicio: 1/3/01. Ultima Actualización: 15/04/ 2008
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